Coloca los huevos crudos en una cacerola mediana y cúbrelos con agua fría, lo suficiente para cubrirlos unos 5 cm (2-inches/pulgadas). Añade una cucharada de sal.
Coloca la cacerola a fuego fuerte hasta que hierva el agua.
Una vez que hierva bien el agua, apaga el fuego, cubre la cacerola con una tapa y déjalos dentro de la cacerola 13 minutos. Sugiero ponerte una alarma en la cocina o en el teléfono para que te avise.
A los 13 minutos, retira la cacerola del fuego y coloca los huevos dentro de un recipiente con agua fría y hielo. Déjalos enfriar por 5 minutos. El agua helada provoca un "shock" en la membrana que hay entre la clara del huevo y la cáscara, aflojando la cáscara y haciendo que sea más fácil de pelar.
Con cuidado, rompe la cáscara de los huevos (asegurándote de que la mayor parte de la cáscara se haya roto).
Si usas el método de romper y rodar, rompe el huevo en la parte del centro, y luego hazlo rodar en una superficie plana y dura. De ser necesario, puedes sumergir el huevo (mientras lo estás pelando) en el agua para quitar todo resto de cáscara.
Si usas el método de la cuchara, dale un pequeño golpecito para romper la cáscara. Toma la cuchara. Con cuidado, insértala debajo de la cáscara para ir levantándola, con movimientos circulares.
Si usas el método de sacudir los huevos duros dentro de un recipiente, mételos dentro y llena el recipiente con agua fría, suficiente para cubrirlos. Cierra el recipiente y sacúdelo un poco hasta que la cáscara de los huevos duros se comience a desprender. Puede que necesites sacar los restos de cáscara que queden.
Sírvelos inmediatamente, úsalos en una receta o guárdalos en la nevera por hasta 3 días.