Coloca los hígados de pollo sobre una tabla de picar de plástico. Quítales cualquier grasa visible. Corta los hígados más grandes en trozos más pequeños para que se cocinen de forma pareja.
Suavemente, sécalos con papel de cocina para que absorban cualquier exceso de humedad. Lava bien tus manos después de manipular los hígados de pollo.
Cocina la cebolla:
Calienta una sartén antiadherente a fuego medio y añade aceite. Una vez que está bien caliente, añade la cebolla junto a ½ cucharadita de sal. Cocínala sin dejar de revolver, hasta que esté ligeramente doradita. Esto te tomará entre 8 y 10 minutos. Una vez lista, pásala a un plato.
Cocina los hígados:
En la misma sartén, coloca los hígados de pollo, sal, pimienta, ajo en polvo y pimentón. Continúa cocinándolos unos 3 minutos del primer lado hasta que estén dorados y sellados. Dales la vuelta y cocina hasta que ambos lados estén cocidos, el centro se vea ligeramente rosado o gris claro, y la temperatura interna sea de unos 75C / 165F. Nota: cocinar los hígados de pollo de más hará que se sequen y queden con una textura arenosa. No queremos eso.
Combina:
Cuando los hígados estén cocidos, pon de nuevo la cebolla en la sartén y mézclala suavemente unos 30 segundos para que se caliente. Pasa todo a un plato y sirve.